Mourinho, el eterno perseguido
Siempre me he preguntado cómo habría sido la historia si Joan Laporta hubiese escuchado a los tecnócratas que le imploraban el fichaje de Mourinho en aquel verano convulso de 2008.
Se trataba, decían, de meter en cintura a una plantilla que se había acostumbrado en exceso a la mano blanda de Frank Rijkaard y del propio presidente, uno por omisión y el otro por un supuesto exceso de acción.
Poner firmes a las estrellas y recuperar el principio de autoridad parecían dos de los puntos fuertes de su libreto, unos objetivos de mínimos compartidos por millones de aficionados del Real Madrid en este su segundo advenimiento...
Hasta que parió la abuela.
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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en as.com — el contenido pertenece a Diario AS.