Patrick Radden Keefe, el reportero que se convirtió en superventas: «Truman Capote hizo cosas que yo jamás haría»
Patrick Radden Keefe (Boston, 1976) viste un polo de manga larga negro, pantalones ídem, tenis cómodos; es la clase de ropa con la que puedes estar en la terraza de un buen hotel en Barcelona o en cualquier otra parte del mundo –una montaña, una cárcel, Central Park–.
Es la hora del agua con gas, la hora de antes del negroni, que llegará cuando termine esta conversación. «He tenido una agenda intensa hoy», dice, mientras se disculpa de un retraso de cinco minutos.
Tiene unos modales que servirían en cualquier sitio, también.A lo largo de la entrevista dirá muchas veces que es un privilegiado.
Y lo es: no muchos periodistas pueden dedicar seis meses a preparar un reportaje (cosas de 'The New Yorker'), ni muchos han logrado vender tantos libros con sus sesudos trabajos de investigación.
En ' No digas nada ' contó la intrahistoria del IRA, y en ' El imperio del dolor ' le puso apellido a la epidemia de opioides en Estados Unidos.
Ahora publica ' El hijo del oligarca ' (Seix Barral en español, en catalán Periscopi), que ya se ha colado en las listas de 'best sellers' de unos cuantos países.
La productora A24 ('Todo a la vez en todas partes', 'Aftersun', 'Marty Supreme') ya ha adquirido los derechos para televisión, después de una puja intensa.¿Y qué nos cuenta aquí Radden Keefe? Un suceso, una ciudad, el mundo.
La historia empieza en la madrugada del 19 de noviembre de 2019, cuando un joven se arroja al vacío desde un quinto piso y una cámara del edificio de enfrente lo graba.
Es la sede del MI6.
Lo que sigue es una maraña de mentiras que el autor va desenredando con paciencia y suspense: Zac Brettler, el adolescente muerto, era un inglés de clase media alta que llevaba años haciéndose pasar por el hijo de un oligarca ruso, sin que nadie en su familia se hubiera percatado.
Estaba obsesionado con el lujo, la opulencia, el deseo de más; era un mentiroso en una ciudad, Londres, que hace tiempo que se convirtió en una de las capitales mundiales del dinero negro, y por tanto de la mentira.—Los padres de Zac fueron una de sus principales fuentes para el libro: ellos no se creían la versión policial y empezaron a investigarlo todo, a rastrear la verdad. ¿Cómo funciona una relación así?—Tuve una relación muy intensa con los padres durante la investigación, y aún seguimos en contacto.
Diría que ahora tenemos una amistad.
Pero mientras escribía sabía que algún día podría enfrentarme a la elección entre escribir el libro que necesitaba escribir y escribir el libro que los padres querían leer.
Y siempre tuve claro que elegiría lo primero, aunque ellos se disgustaran.
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