Illa, cuando la «normalización» ya no es suficiente
El presidente Salvador Illa ha reunido durante dos días a los consejeros de su Govern en una suerte de estancia «team building» fuera de Barcelona, muy en la línea de los encuentros que algunas empresas realizan para motivar a su plantilla, fijar prioridades y tomar impulso.
Compartiendo comidas, paseos y reuniones —no ha habido ni tirolinas ni otros juegos habituales en estas reuniones motivacionales—, es la quinta vez que el Govern repite experiencia, con un coste acumulado por ahora de 211.757,32 euros, tal y como denunció el PP este verano.Más allá de su precio, la reunión que hoy concluye en Os de Balaguer (Lérida) es especialmente significativa, en tanto que sirve para lanzar la segunda parte del mandato, dos años después de que el PSC regresase a la Generalitat tras la devastación de los años del 'procés', y zambulle al Ejecutivo catalán en un curso político que va a ser una prueba de madurez.
Un reto no menor para un equipo que hizo del buen gobierno su bandera, pero cuyas principales dificultades han venido precisamente por tropiezos y fallos evidentes en la gestión del día a día, un evidente desgaste que ya se traduce, y de manera consolidada, en las proyecciones electorales.Paradójicamente, y tras años de gobiernos independentistas, los mayores aprietos no le han venido a Illa tanto por el flanco político —el ruido y la furia se proyectan ahora desde Madrid mientras el sanchismo agoniza— como por errores propios.
Con el secesionismo en fase comatosa y Carles Puigdemont siendo ya más un mito que un activo político real, el escrutinio sobre el Govern Illa se centra en las carpetas ordinarias.Si en lo político e institucional Illa ha acertado al instalar Cataluña en una suerte de 'baño maría' aplaudido por agentes sociales y económicos —nada que ver con los quebrantos procesistas—, asuntos como la educación o Rodalies han demostrado que el discurso de la eficacia tenía múltiples grietas. «Han hecho lo más difícil, que era normalizar el país, pero están fallando en el día a día y en sus políticas fiscales y de vivienda», sostiene a ABC un empresario que lamenta que Cataluña haya pasado «del descontrol indepe« a un Govern «torpe» tutelado por ERC y Comunes, con quienes, eso sí, ha aprobado unos Presupuestos que le dan fuelle para concluir la legislatura.Nada ejemplifica mejor estas dificultades de gestión que la huelga con que se abre el curso escolar el día 8, un conflicto enquistado pese a la generosa oferta retributiva y de mejoras que el Govern ofreció a los maestros y que demuestra que el de la Educación es probablemente el gran fracaso de Cataluña en las últimas décadas.
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