Los aladros
Diputados y senadores a los que el acta les cayó del cielo en medio de un diluvio de mierda, parlamentarios cuneros, paracaidistas ajenos al distrito y, lo que es peor, hostiles al trabajo, manga de ineptos, pelotón de vividores, caterva de parásitos: por esos laberintos piojean los aladros.
No busque el lector otro significado para aladro, que el asignado en nuestro Diccionario Histórico, que en su edición más reciente (que yo sepa) limita su uso para el Aragón y el Burgos más rústicos.
Yo llamo aladros no a los arados terreros sino a los parlamentarios que tienen por modelo a don Juan Pedro Aladro y Kastiotra, quien fue diputado por Lugo cuando expiraba el reinado de Amadeo y Ríos Rosas presidía la cámara.
Un aladro le saca por lo menos dos cabezas a un cunero.
Cunero fue, por ejemplo, aquel don Prudencio Rovira, pontevedrés de nación, madrileño de residencia y secretario de Maura de oficio.
Lo hicieron diputado por Ribadeo como podían haberlo hecho por Ayamonte.
Acercose un día por allí, dio las gracias por el detalle, tomó el portante y a otra cosa, mariposa.
Lo del diputado Aladro es peor.
Era de Jerez de la Frontera.
Se murió sin haber puesto un pie en Galicia.
Era amigo de Alfonso XII.
Aspiraba, por lo visto, a hacer valer sus derechos dinásticos (los de los Aladro, no los del Borbón) sobre Albania.
Los aladros de ahora se refugian en el PP y el PSOE, mayormente.
Salvo un par de ellos, a los parlamentarios por la circunscripción lucense no los conoce nadie. ¿Hay alguien capaz de ponerle cara a la diputada Abades o al diputado Conde? ¿Existe en carne mortal el diputado Otero? ¿Es entidad corpórea el senador Serrano? ¿Alguien sabe a qué se dedica el senador Mogo? No es momio menor.
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