Las piscinas naturales de El Hierro que parecen excavadas en la lava y solo conocen los que llegan hasta aquí
No es poco habitual ver cómo las consecuencias de una erupción forman lugares tan interesantes como las piscinas naturales de piedra oscura que se enfrentan al Atlántico. En la costa norte de El Hierro , una de esas coladas de lava llegó hasta su orilla y se enfrió, creando dos charcos de roca negra que el océano llena y vacía con cada marejada.
Los acantilados que cierran la bahía los protegen del oleaje, así que se puede nadar en calma mientras las olas rompen a pocos metros. Unos metros más arriba, agarrado a la misma colada, hay un puñado de casas de muros de piedra volcánica sin revestir y cubiertas con haces de paja de centeno, una técnica herreña conservada y restaurada aquí con especial cuidado.
Este pueblo intermitente, lugar de veraneo y base de pescadores, tiene una condición estacional que explica su estructura y su tranquilidad, que solo se alcanza por un sendero empedrado que baja desde un mirador cercano.
Hay constancia de asentamientos en esta lengua de lava desde el siglo XVII, cuando los primeros pobladores bajaron atraídos por dos recursos muy concretos: un manantial de agua salobre pero suficiente para calmar la sed del ganado que pastaba en la cercana costa de Tancajote y una planta silvestre conocida en el resto del archipiélago como vinagrera, muy apreciada en la medicina popular canaria y bautizada aquí como calcosa.
De la suma de ambos nació el topónimo. Aquel pozo centenario –hoy Pozo de las Calcosas–, además, sirvió durante generaciones como baño medicinal para los vecinos del antiguo Barlovento herreño, mucho antes de que el lugar se convirtiera en el destino vacacional que es hoy.
El asentamiento fue derivando con el tiempo hacia lo que se conserva ahora, poco más de una decena de viviendas, propiedad casi todas de familias de El Mocanal, el pueblo que corona el acantilado 700 metros más arriba y que es, con su tradición agrícola y su iglesia bajo la advocación de San Pedro, el segundo núcleo más poblado del municipio de Valverde.
La costa es allí tan escarpada que bajar a diario resultaba impensable para sus pescadores, así que optaron por levantar un segundo hogar junto al agua para pasar el verano sin subir y bajar la ladera cada jornada.
Esa lógica no solo sigue viva, sino que, pasado agosto, los visitantes pueden encontrarlo prácticamente vacío y en un silencio casi total, aunque no es fácil encontrar alojamiento en algunas de sus casas, reconvertidas para el turismo. El Mocanal, por su parte, mantiene viva la relación con su aldea de veraneo a través de citas populares como la Subida a Tancajote, una marcha organizada cada verano por la asociación de vecinos con apoyo del Cabildo, que recuerda hasta qué punto esta franja de costa sigue siendo un asunto comunitario más que un simple reclamo.
Lo que distingue al Pozo de las Calcosas de cualquier otro rincón de baño en las islas es su arquitectura. Las llamadas casas pajeras se levantaron con muros de piedra volcánica desnuda y se remataron con haces de paja de centeno trenzada, técnica que en El Hierro recibe el nombre de colmo.
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