Sonia Díaz Rois, coach, sobre las discusiones entre padres al educar a los hijos: "Muchas veces creemos defender una idea, cuando defendemos una tradición"
En la educación de los hijos intervienen muchas variables: el pasado de los progenitores, sus propias ideas, sus expectativas, las necesidades de cada hijo, la relación entre la pareja... No es una cuestión fácil y a menudo surgen enfrentamientos.
Sonia Díaz Rois es mentora y coach especializada en gestión del enfado y comunicación consciente, además de autora del libro Y si me enfado, ¿qué? (VR Europa, 2024). Hemos hablado con ella para que nos dé las claves sobre cómo abordar las distintas faltas de criterio en la educación de los hijos.
Cuando los progenitores tienen diferencias muy marcadas en cuanto a la educación de sus hijos, ¿cuál es la mejor forma de salir de las discusiones que esto puede generar?
Lo primero que les invitaría a hacer es plantearse esta pregunta: "¿De dónde viene esto que estoy defendiendo con tanta convicción?". Muchas veces discutimos porque damos por hecho que nuestra forma de educar es la correcta, cuando en realidad responde a los valores con los que hemos crecido, a cómo nos han educado o a experiencias que nos han marcado. Por eso merece la pena identificar cuáles son esos valores, de dónde vienen y preguntarnos si siguen encajando con quiénes somos hoy o si simplemente estamos repitiendo un modelo que nunca nos hemos cuestionado. Cuando hacemos ese ejercicio, descubrimos que muchas de las decisiones que damos por incuestionables no son verdades universales. Son una manera de educar, no la única. Por ejemplo, un progenitor puede pensar que salir de casa sin desayunar es impensable y el otro estar absolutamente convencido de que no pasa nada si un día el niño va al colegio con el estómago vacío. En realidad, no se está discutiendo por una tostada. Ese encontronazo nace de haber crecido en familias distintas, con valores y experiencias diferentes. Antes de decidir cómo quieren educar a sus hijos, merece la pena que ambos se pregunten qué parte de esa decisión es realmente suya y qué parte pertenece a la historia de su propia familia. Muchas veces creemos que estamos defendiendo una idea cuando, en realidad, estamos defendiendo una tradición. A partir de ahí, la conversación cambia de lugar. Ya no gira alrededor de quién tiene razón o de quién lleva toda la vida haciéndolo así. Empieza a girar alrededor de una pregunta mucho más útil: "¿Qué es lo que más le conviene a este niño, en este momento y teniendo en cuenta sus circunstancias?".
En el caso de que haya que hacer acuerdos sobre determinadas cuestiones, ¿cómo se llega a ellos? ¿Hay fórmulas de consenso que den mejores resultados que otras?
Lo primero es elegir bien cómo iniciamos esa conversación. Los acuerdos empiezan a construirse antes de la solución, así que es fundamental prestar atención al estado desde el que hablamos. Si iniciamos la conversación con el único propósito de demostrar que tenemos razón, es muy difícil llegar a un acuerdo. Como estamos centrados en defender nuestra postura, dejamos de escuchar. Es de gran ayuda tener presente qué es lo que ambos buscan realmente: ofrecer lo mejor a sus hijos.
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