Guía turística de los monstruos Lovecraftnianos que veranean con nosotros
Cada verano, decenas de millones de personas abandonan sus rutinas, sus hipotecas y su cordura para lanzarse a playas, montañas y cruceros con la promesa de «desconectar».
Pocos se detienen a pensar que desconectar, en el sentido más literal y desagradable del término, es exactamente lo que le ocurre a la mente humana cuando se cruza con ciertas entidades que la geografía turística prefiere no mencionar en sus folletos.
Hemos pasado el verano recorriendo destinos populares con chanclas, factor 50 y un notable desprecio por nuestra propia seguridad narrativa para elaborar esta guía.
Conviene aclarar que ninguna de las entidades aquí descritas figura en los folletos oficiales, y que las oficinas de turismo tienden a responder con una sonrisa demasiado amplia y un cambio de tema, quizás, demasiado rápido.
Se niegan a reconocer que lo que Lovecraft quería hacer cuando escribió a sus criaturas era, de hecho, advertir al lector sobre su localización.El de la playa: el chiringuito de Y'ha-nthleiTodo destino de sol y arena tiene su versión local de este fenómeno: una criatura anfibia, de ojos saltones y piel que recuerda vagamente a una gamba mal cocida, que emerge al atardecer entre las sombrillas ya recogidas.
Los lugareños la llaman 'el del after', porque solo aparece cuando la música del chiringuito baja de volumen y quedan tres guiris bailando descalzos sobre restos de sangría.La criatura pertenece a la estirpe de los Profundos, los seres anfibios que Lovecraft describió en 'La sombra sobre Innsmouth' : humanoides con rasgos de pez y rana que viven bajo el océano y mantienen una relación particularmente estrecha con Dagon y otras entidades marinas.
En el relato, su ciudad sumergida es Y'ha-nthlei, una especie de metrópolis submarina situada frente a la costa de Innsmouth.
Nuestra variante, naturalmente, ha preferido la costa española.Una ilustración de Dagon, uno de los Profundos Dominique SignoretSu comportamiento es previsible: se acerca despacio, pide silenciosamente que le compartas el cigarrillo, y si accedes, te mira fijamente durante lo que los testigos describen como «un tiempo geológicamente inapropiado».
No es agresivo, solo muy triste y muy antiguo, y tiene la costumbre de recordarte que las mareas seguirán subiendo mucho después de que tu bronceado se haya ido.
No le ofrezcas paella.
Ya ha probado el auténtico marisco, hace unos ciento cuarenta millones de años, y las expectativas están, digamos, muy altas.Nyarlathotep, el del hotel todo incluidoNadie ha visto entrar ni salir jamás al ocupante de esta habitación, y sin embargo el servicio de limpieza jura que las toallas siempre están dobladas en forma de un símbolo que ningún manual de 'housekeeping' enseña.
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