El hijo del policía que aprendió a ser portero en Valdebebas
La infancia y adolescencia de Alfonso Herrero (Toledo, 1994) fue un coche, el de sus padres, y una carretera, la autovía A-42.
En ese habitáculo de motor y cuatro ruedas pasaba dos horas en la ida y vuelta desde casa hasta la vieja ciudad deportiva del Real Madrid primero y Valdebebas después.
Cerca de 200 kilómetros diarios que multiplicados por los treces años que Alfonso estuvo en la cantera blanca —desde los nueve a los 22, desde benjamines hasta el Castilla— dan para unas cuantas vueltas al mundo.«Lo recuerdo con mucho cariño; el ir dormido y despertarme ya allí o, cuando me iba haciendo más mayor, el aprovechar para estudiar», cuenta el portero y capitán del Málaga, que este domingo jugará donde tantas veces soñó: el Santiago Bernabéu.Y en la grada, en un lugar discreto, estarán Paco , su padre, que acaba de firmar su jubilación como jefe superior de Policía de Castilla-La Mancha , y Estrella , su madre, ya también en la reserva como profesora de Infantil . «El verdadero sacrificio lo hizo mi mujer.
Yo intentaba dejarme un día entre semana y siempre los findes, aunque más de una vez Alfonso se tuvo que venir con otros padres porque me había tenido que volver corriendo a Toledo.
Era un sacrificio, pero era un deber y éramos plenamente conscientes. ¿Qué no hace uno por sus hijos?», explica el progenitor con naturalidad.Al pensar en un futbolista, la mente imagina los ceros de su cuenta corriente.
Es inevitable.
Sin embargo, cuesta más reparar en el tremendo esfuerzo que a menudo han realizado sus padres para que el chaval tenga acaso una mínima oportunidad de triunfar.Cuando el Real Madrid vino a buscar a aquel crio toledano más ágil que un gato, sus padres tuvieron una conversación en la que «nos dijimos: 'Este tren puede pasar más veces, pero, ¿y si no?'».
Y aceptaron. «Entonces, tan pequeño, no era consciente del esfuerzo que hacían.
Realmente, vieron que, pasase lo que pasase, iba a ser una muy buen experiencia, aunque no es una decisión fácil de tomar porque te cambia la vida por completo.
Era vivir por y para esto, así que estoy superagradecido», declara Alfonso, el segundo de cuatro hermanos —el mayor tiene tres años más y los mellizos, chico y chica, seis años menos—.El ahora capitán del Málaga define a su madre como «la persona más alegre que conozco, siempre dispuesta a ayudar a quien tiene al lado, y eso es lo más importante que me ha transmitido.
Su felicidad gira en torno a la de los demás».
En cuanto a su padre, « me acuerdo perfectamente de verlo estudiar en casa y echarle horas y horas para preparar una oposición .
Es algo que se me quedó grabado.
Una persona muy recta, que ha tenido muy claro cuál era su camino y ha sido muy consecuente.
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