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Economía

Una visita a la acampada

Expansión ·
Una visita a la acampada

Ante esta segunda enrabietada cita en la Puerta del Sol de Madrid, Pedro Sánchez pretende lanzar una opa por fusión a la comunidad nacional de los zurdos 'woke' y radicales. Los sueños del perdidamente envanecido crean tales monstruos.

Antes de ayer, me encontré cerca de la madrileña Puerta del Sol con un viejo amigo de familia que ahora escribe novelas y antes fue un buen analista político. Le invité a acompañarme porque pensaba visitar la revuelta contra la inexistencia de vivienda asequible . Me dijo que había quedado en almorzar y que quizás iría después porque la acampada y sus consecuencias le intrigaban tanto a él como a mí. Y me habló de la de los indignados del 15-M hace quince años.

Mi viejo amigo tenía en aquella época un cargo de cierta responsabilidad en La Moncloa como asesor del Gobierno socialista que presidía José Luis Rodríguez Zapatero . Al crecer la protesta de los del "no nos representan" , envió a unos colegas más jóvenes que él al lugar del motín pidiéndoles que se mezclasen con los jaraneros y que se enterasen un poco de quiénes eran estos repentinos alborotadores que habían ocupado el kilómetro cero de España.

"Lo que ocurría cogió al Gobierno totalmente por sorpresa" , me dijo mi amigo. "Nadie sabía absolutamente nada". Algo muy parecido ha sucedido con esta segunda acampada en el mismo lugar, que, tras las de la invasión de Ceut a, ha vuelto a situar la imagen de España como problema en las portadas de los medios internacionales.

El sanchismo no esperaba que el desahucio en camilla y ante las cámaras de una anciana sería la mecha que incendiaría el polvorín. El despiste se entiende porque llevaba ocho años conviviendo alegremente con ese arsenal que no hacía más que crecer.

Tampoco pensaba Pedro Sánchez que una algarada le forzaría a convocar elecciones. Estaba convencido de que el hombre masa que fuerza el ritmo de los acontecimientos estaba con él y en el lado correcto de la historia. Creía que un decreto ley de vivienda, de hecho dos decretos, a tiempo calmarían la súbita tormenta. La muerte de Maricarmen Abascal a los 87 años el miércoles fue un "asesinato" , según los de la acampada y a los porristas, que dicen en México, del sanchismo les faltó tiempo para acusar del crimen a la "inhumana" derecha. Y a estas alturas, conociéndole como se le conoce, Sánchez no sería Sánchez si no pensase que no hay mal que por bien no venga .

Rememorando con aquel viejo amigo el 15-M que tanto sorprendió al establishment político de 2011, recordé cómo a corto plazo el tiro les salió por la culata a aquellos que se mostraban tan indignados con los que entonces mandaban. En las elecciones generales celebradas en noviembre de ese año, el Partido Popular, que desde luego no les representaba, echó a los socialistas del poder con una contundente mayoría parlamentaria.

Sin embargo, en el medio plazo la acampada hace tres lustros logró fracturar la hegemónica izquierda que Felipe González había creado en el posfranquismo. Y, de paso, consiguió con ello deslegitimar el bipartidismo de la Transición a la Democracia.

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