Porque el diseño también es patrimonio
Hay carteles que informan.
Hay carteles que ilustran.
Y hay carteles que, por sí mismos, anuncian ya la grandeza de aquello que está por venir.
En el ámbito cofrade, donde la imagen no es un complemento sino parte esencial del mensaje, esta diferencia resulta especialmente importante.Un cartel de Semana Santa debe anunciar la Semana Santa.
El de una procesión extraordinaria ha de transmitir que estamos ante algo extraordinario.
El de una coronación canónica tiene la responsabilidad añadida de anticipar, desde una sola imagen, la solemnidad, la trascendencia y la dimensión histórica de un acontecimiento que una comunidad llevaba tiempo esperando.Por eso conviene detenerse en el cartel que el artista albaceteño Jesús E.
Alemañy ha creado para la coronación canónica de Nuestra Señora del Castillo, patrona de Castillo de Bayuela en Toledo.
Porque estamos ante uno de esos casos en los que el cartel no se limita a cumplir su función: está a la altura del acontecimiento que anuncia.Castillo de Bayuela es un pequeño municipio de la Sierra de San Vicente, en la provincia de Toledo, que no llega a los 900 habitantes.
Sin embargo, acaba de dar una lección que deberían escuchar algunas instituciones y organismos de ciudades mucho mayores: para hacer buena cartelería no hace falta tener un gran presupuesto, una gran ciudad detrás ni una interminable nómina de recursos.
Hace falta, sobre todo, tener criterio.«Para hacer buena cartelería no hace falta tener un gran presupuesto, una gran ciudad detrás ni una interminable nómina de recursos.
Hace falta, sobre todo, tener criterio»El cartel de Alemañy demuestra que cuando detrás de un acontecimiento existe un equipo con sensibilidad artística, que sabe lo que quiere, que se deja asesorar por profesionales y que entiende que la imagen pública de una celebración también forma parte de su patrimonio, el resultado puede ser extraordinario.Y quizá esa sea la primera lección.El diseño no es un adorno.
Es comunicación.
Y, en determinadas ocasiones, es también memoria.Un cartel cofrade quedará en los archivos, en las colecciones particulares, en las paredes de las casas, en las redes sociales y en la memoria sentimental de quienes vivieron el acontecimiento.
Será visto durante meses, quizá durante años.
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