Montse y Maria
Mi madre es independentista, mi bisabuelo fue alcalde de Esquerra de Vilobí del Penedès en 1936; mi padre también era independentista.
Mi mujer y mis suegros, aunque más contenidos, en esto y en todo, no andan muy lejos de estas coordenadas.
El padrino de mi hija es Vicent Sanchis, director de TV3 en 2017, y si le pedí que fuera el padrino de Maria fue porque era y es una de las personas más importantes y valiosas de mi vida.
No sé si la mayoría de mis amigos, pero si buena parte de ellos, sobre todo entre los más queridos, son también independentistas.Lo digo porque acabo de aprender que eres poco menos que un delincuente si tu esposo se dedica a algo contradictorio con lo que tu partido político se supone que defiende.
Hemos llegado demasiado lejos.Ni Pedro Sánchez es un proxeneta o un cínico porque su suegro regente una sauna ni Montse Mínguez ha incurrido en deslealtad alguna, o falta ante sus electores, porque su marido se dedique a la promoción inmobiliaria.
El día 1 de octubre de 2017 mi mujer y mi madre se fueron a votar por la independencia y yo me quedé en casa con mi hija escribiendo que la policía hacía bien en actuar con toda la contundencia que fuera necesaria para impedir aquel referendo ilegal.
No sentí que estuviera faltando en modo alguno a mi periódico ni a mis lectores, todo lo contrario.
Y al día siguiente o al otro -no lo recuerdo- fui a comer y a cenar con mis mismos amigos independentistas de siempre, a pesar de la tensión y de la incertidumbre.La señora Mínguez ha defendido unos postulados que podrían ser contradictorios con que luego, a escondidas, o a través de persona interpuesta, dirigiera un fondo.
Esto de «buitre» no lo digo porque me parece vulgar -de catetos, por decirlo claramente- la ligereza con que se emplea el término, como los que dicen «capitalismo salvaje».Todos tenemos familia y los que nos dedicamos con una cierta pasión e intensidad a lo que hacemos, porque nos gusta, porque lo amamos, no podemos ser los culpables de la vida de nuestros hijos o hermanos.
Todos los que hacemos algún trabajo con el mínimo de entrega y de luz que se requiere para poder hacerlo realmente bien, dejamos rastro, y un rastro que no es neutro. ¿Qué cosas no podrá hacer o escribir mi hija por haberle tocado un padre como yo? ¿Qué actividades tendrá hereditariamente vetadas?Es verdad que estas prácticas inquisitoriales no las ha inventado la derecha, sino más bien la izquierda, que tantas veces ha basado su discurso en darnos insufribles lecciones de todo.
Aunque de todos modos, llevamos tantos golpes intercambiados que creo que ambos bandos se han igualado en injusticia y en mezquindad.
No creo en poner el microscopio en la vida de nadie, porque conozco la mía.
No creo en la prueba del algodón.
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