Las turbulencias han crecido un 55% desde 1979. EEUU asegura haber encontrado un material que resuelve el problema
Las turbulencias en la aviación se han convertido en un desafío creciente mientras los ingenieros buscan nuevas formas de mejorar la eficiencia de los aviones.
Investigadores de la Universidad de Colorado Boulder, en EEUU, han desarrollado un concepto basado en materiales instalados bajo la superficie de las aeronaves que podría modificar la interacción entre el fuselaje y el aire.
El avance se detalla en dos trabajos científicos publicados en Physical Review X y Proceedings of the Royal Society A , donde el equipo estudia cómo pequeñas vibraciones pueden actuar sobre el flujo aerodinámico.
La investigación llega en un momento especialmente relevante para el transporte aéreo.
Un estudio publicado en 2023 constató que las turbulencias severas habían aumentado hasta un 55% desde 1979 , un incremento relacionado con el cambio climático.
Aunque el nuevo desarrollo no pretende evitar directamente los episodios de turbulencia atmosférica que afectan a los pasajeros, sí aborda otro fenómeno fundamental para el funcionamiento de una aeronave: la turbulencia que aparece en la capa de aire situada junto a su superficie .
Cuando un avión avanza a unos 1.030 km/h, el aire golpea su estructura y genera una capa límite turbulenta .
Esa corriente irregular incrementa la resistencia aerodinámica y obliga a los motores a consumir más combustible.
Durante décadas, la principal estrategia para combatir este efecto ha consistido en modificar la forma de alas, fuselajes y otras partes de la aeronave , pero el equipo estadounidense plantea ahora una alternativa diferente.
Un material bajo la superficie del avión La propuesta consiste en utilizar unas estructuras conocidas como subsuperficies fonónicas, instaladas debajo de la piel exterior del avión.
Estos materiales sintéticos pueden absorber parte de la energía procedente del flujo de aire y deformarse ligeramente para producir vibraciones microscópicas en sentido contrario.
De esta manera, la propia estructura sería capaz de interactuar de forma pasiva con el aire y suavizar determinadas inestabilidades sin recurrir a motores adicionales ni a complejos sistemas mecánicos.
Las turbulencias podrían triplicarse antes del año 2050 y la industria aérea trata de encontrar una solución R.
Badillo El problema está en que las turbulencias no pueden detectarse mediante radares ni otros instrumentos.
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