Las medias tintas nunca dieron tardes de toros
No se puede decir que la corrida de Montalvo resultó infumable, pero tampoco brava y boyante.
Se quedó en la mitad, todos los toros ofrecieron algo, algunos muy poco, y todos se quedaron a medias, o ni eso.
Ya se sabe que las medianías no son buenas consejeras para el toreo, que necesita apuestas, aunque ganarlas ya sea otra cosa.
Tarde en la Misericordia plagada de esa terrible sensación de que aquí no pasa nada.
Y eso se transmite a los toreros y los de luces al graderío.
Al menos Emilio de Justo y Tomás Rufo salvaron los muebles con dos toros de los que aprovecharon la mitad que les ofrecía algo y las orejas que se llevaron taparon el desánimo.Rufo anduvo firme con el descarado de pitones que hizo tercero.
Ahí quedaron unos naturales, aunque donde destacó fue con el sexto, por el que no se daba un duro en varas y al que sometió y metió en la muleta en una primera serie a derechas que encandiló, con el toro girando en su alrededor, con mucho poder y mimo.
Mantuvo ese pitón antes de torear con la zurda a un buen nivel.
Trazo largo, muleta atrás, todo por abajo.
Naturales plenos de poder y buen gusto, que convencieron e hicieron que la faena remontara.
Un estoconazo final para salvar una corrida de medianías.El cuarto se movió con más entrega hasta que acabó rajado, y Emilio de Justo lo aprovechó con un comienzo de faena de rodillas en los medios que ya inclinaron la balanza a favor del extremeño.
El público necesitaba asirse a un clavo ardiendo.
Hubo buen nivel en el toreo a derechas en una tanda vibrante.
Aunque con la zurda no llegó la limpieza esperada para que la faena tomara un rumbo definitivo.
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