La Mareta moral
Ayer me confundieron con Telmo Aldaz cuando estaban los toros, viendo a Morante en San Sebastián de los Reyes , porque me ha crecido una barba de náufrago que me resisto a perfilar.
Es humano que, volviendo del verano y sus vacaciones, uno termine dándole un poco todo igual y se instale en esa indolencia que le concede a uno el estío antes de que vengan a recordarle los rigores de la rutina diciembre y sus matones con sus pellizas y los polvorones que acechan en los almacenes de los supermercados.
Uno se enfriará los pies y ya no se le calentarán hasta los sanfermines, pero ese momento todavía no ha llegado, y aún puede uno andar soñando por las aceras de la gran ciudad con vivir en una casa de pescadores al borde del mar, con una barquita amarrada, y pescar su propia cena con un fusil submarino.
Escribir poemas de color azul, vestir como un mendigo, atarse los pantalones blanqueados de sal y sol con el retal de un cabo viejo.
Pintar de vez en cuando, o escribir ese libro sobre el mar en el que un tipo pierde la cabeza tierra adentro.
Quitarse del WhatsApp.
Acaso seguir navegando como el otro día navegaba el 'Recluta', en la Copa del Rey de vela clásica de Mahón con la jarcia crujiendo como un edificio a punto de derrumbarse y cortando una mar de tres metros, como si todo en la vida fuera posible.Porque aún es posible.
Y por eso se presenta Sánchez en la radio a la vuelta de agosto, en un relajo ético, impropio, un poco como esos tipos que van por Madrid en chancletas y pantalón corto a estas alturas del curso.
El otro día por poco no fui a misa vestido como un veraneante al que solo le faltaban la camiseta sin mangas y la riñonera, que son el infierno estético, sobre todo en Madrid, donde cualquier cosa que recuerde a una playa en lo que se refiere a la vestimenta debería estar castigada por ley con unos latigazos sobre el enjaretado.Digo que casi entro en la iglesia vestido como un surfero de Zahara de los Atunes, pero me di la vuelta, afortunadamente.
Como aquel navarro, Sánchez no cree que haya un dios, sino que por lo menos hay cuatro o cinco, y se ha presentado en una entrevista en la radio con su fardapaquete político a prolongar el verano, que es ese tiempo en el que hacemos como que todo nos da igual.
Prolonga las semanas que él se pasó sobre las rocas de Lanzarote, como aquella iguana de las Galápagos que descubrió el doctor Maturin en lo de Patrick O'Brian y que bautizaron como 'Testudo Aubreei' en honor al capitán de la 'Surprise', y que era un reptil que buceaba.
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