Un aterrizaje de emergencia, dos hermanas y un zorro: el episodio en un castillo argentino de Saint-Exupéry ligado a El Principito
Un cepillo de dientes de hueso pulido, botones de nácar, fragmentos de vajilla y antiguas cañerías ocultas entre los muros forman parte de las huellas conservadas en el Castillo San Carlos, en Concordia.
Esos elementos ayudan a reconstruir cómo se vivía en una de las residencias más singulares de fines del siglo XIX.
Pero el lugar guarda además otra historia: allí ocurrió uno de los episodios argentinos que Antoine de Saint-Exupéry transformó después en literatura.
Las investigaciones arqueológicas iniciadas en 2012 permitieron reconocer objetos cotidianos, antiguos sistemas de circulación de agua y otras evidencias de cómo funcionaba la construcción.
Décadas antes, en 1929, el aviador había aterrizado de emergencia en las cercanías y conocido a Suzanne y Edda Fuchs Valon, dos hermanas que vivían en el castillo y convivían con un zorro, un hurón, un mono y un enjambre de abejas.
Aquella experiencia reapareció luego en sus escritos y, por las coincidencias entre algunos de esos elementos y el universo de El Principito , San Carlos fue señalado con el tiempo como una posible fuente de inspiración para la novela.
Sin embargo, no existe evidencia que permita afirmar que el libro haya nacido allí ni que cada uno de sus personajes o símbolos tenga un origen directo en aquel episodio de Concordia.
Las huellas que conservan las ruinas del Castillo San Carlos La investigación arqueológica permitió identificar elementos que ayudan a reconstruir cómo funcionaba la residencia y cómo era la vida de quienes la habitaron.
“El trabajo de investigación arqueológica iniciado en 2012 resultó fundamental para rescatar la vida cotidiana del edificio.
Permitió identificar, por ejemplo, restos de los antiguos sistemas de circulación de agua, como albañales construidos con ladrillo y cemento y ductos embutidos en los muros, algunos de los cuales todavía pueden reconocerse durante el recorrido”, explica Silvina Molina, jefa del Parque San Carlos.
Entre los objetos hallados en el área de las antiguas caballerizas, actualmente convertida en Centro de Interpretación, aparecen botones de nácar, fragmentos de vajilla, botellas de Bitter Secrestat , una plancha de hierro, un cairel de lámpara y un cepillo de dientes de hueso pulido.
“Más que hablar de ‘tesoros’ encontrados en el castillo, preferimos hablar de pequeñas huellas materiales de la vida cotidiana.
Cada fragmento nos aporta información sobre cómo funcionaba esta residencia y sobre la época en que estuvo habitada”, añade Molina.
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