Químicos, pesticidas, drogas o productos farmacéuticos: varios peces comestibles del Mediterráneo contienen un “cóctel” de contaminantes
Los mares y océanos de todo el mundo sufren un serio problema de contaminación por culpa del ser humano.
La sobrepoblación, el turismo de masas, el tráfico marítimo, las plantas de tratamiento de aguas residuales o la escorrentía agrícola, entre otros, liberan a estos hábitats marinos una gran cantidad de microplásticos y sustancias químicas tóxicas .
Los contaminantes presentes en el agua afectan gravemente al ecosistema y, además, también pueden provocar efectos en los consumidores , pues estos se alimentan precisamente de los productos que se obtienen del mar contaminado.
Nos convertimos así en víctimas de nuestro propio ataque al medio natural.
En este sentido, el Mediterráneo enfrenta un serio problema.
Un reciente estudio de la Universidad de Córdoba publicado en la revista Journal of Hazardous Materials ha identificado la presencia de 81 compuestos contaminantes en varias especies de este mar.
Son en concreto cuatro peces que forman parte de la dieta mediterránea: el jurel, la sardina , el salmonete y la merluza.
Este “cóctel” de sustancias contaminantes es diferente en cada una de las especies en función de sus hábitos y naturaleza.
De plastificantes a drogas ilícitas La investigación, llevada a cabo por el Departamento de Química Analítica del Instituto Químico para la Energía y el Medioambiente (IQUEMA), se ha centrado en los metabolitos, que son el producto del “procesamiento” del contaminante por parte del pez.
El impacto de los metabolitos en la salud humana, de hecho, está menos estudiado y documentado en las evaluaciones de seguridad de los productos alimenticios.
Los investigadores analizaron 120 especímenes de las cuatro especies estudiadas y detectaron 81 compuestos de diversas categorías: plastificantes, retardantes de llama, pesticidas, productos farmacéuticos y drogas ilícitas , productos de cuidado personal, compuestos industriales...
De todos estos, casi la mitad eran metabolitos de los que, en muchos casos, no se hallaron restos del contaminante original.
Cada una de las especies analizadas registra contaminantes diferentes según el hábitat en el que reside, las estrategias que emplea para su alimentación o las vías de exposición.
Así, el jurel se alimenta tanto de presas pelágicas (las que viven en la columna de agua o en la superficie) como bentónicas (las que lo hacen en el fondo marino, en contacto con los sedimentos), por lo que cuenta con un amplio espectro de contaminantes como plastificantes, compuestos industriales y pesticidas.
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