El médico argentino que fue tras el sueño americano, tuvo una revelación y rompió su Green Card: “¿Usted qué hace aquí?”
Hace mucho tiempo, allá por los años 70, Luis Oscar Vasta tuvo un sueño: emigrar a Estados Unidos, una fantasía que comenzó a tomar forma en el verano de 1979, cuando un familiar le ofreció manejar una cafetería en Pinamar.
Como médico recién recibido de la Universidad de Buenos Aires, decidió que con su trabajo temporario ahorraría para el pasaje y que, ya en suelo norteamericano, buscaría los caminos para ejercer su carrera en Estados Unidos.
Tras juntar el dinero necesario y sin pensarlo demasiado, anunció que se iba tras una aventura incierta.
Sus padres lo apoyaron, pero en Ezeiza, Luis pudo reconocer la tristeza en sus miradas.
Su hijo tenía un pasaje de ida y vuelta y un pasaporte con una nota de la embajada que advertía: `Atención: solo se autorizan 45 días´ , pero sabían que el plan era quedarse a vivir en el país del norte.
“Era mi primer viaje en avión y me puse el traje con el que me había recibido; en esa época yo consideraba que en avión se debía viajar elegante.
Pasé inmigración en el aeropuerto de Miami.
Mi destino era Washington, porque una amiga me había conseguido el contacto de su tío, que tenía un restaurante en Virginia”, cuenta Luis.
“Estaba muy nervioso al enfrentarme a la oficial de inmigración por esa anotación nefasta en el pasaporte.
La oficial, una mujer afroamericana, me sonrió con amabilidad, y yo me adelanté a advertirle que mi pasaporte solo me autorizaba 45 días.
Ella lo selló sin perder la sonrisa, lo cerró y me dijo: `Usted aquí puede quedarse el tiempo que quiera´.
No entendía nada.
Entre el cansancio del viaje, la emoción y el susto, no sabía qué pensar, y me dirigí a tomar la conexión a Washington.
Yo quería viajar y hacer lo que muchos decían haber hecho: triunfar en los Estados Unidos”.
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