La primera pandemia de la historia: la plaga que mató a 50 millones de personas y cambió las fronteras del mundo
En el verano del año 541 d.C., la primera pandemia documentada de la historia moderna llegó al corazón del mundo conocido con una velocidad y una ferocidad que los contemporáneos no tenían herramientas para comprender.
La plaga de Justiniano —nombre con el que la historia registró aquel desastre sanitario— irrumpió en Constantinopla y mató, según las estimaciones, a entre 25 y 50 millones de personas en dos siglos de recurrencia , un cataclismo que alteró el curso de la civilización occidental.
El camino de la enfermedad hasta la capital imperial fue largo y silencioso.
La bacteria Yersinia pestis , confirmada como agente causal de la pandemia mediante el análisis de ADN antiguo en unos estudios publicados a partir de 2013, probablemente se originó en las estribaciones de las montañas Tian Shan, en la frontera entre lo que hoy son Kirguistán, Kazajistán y China.
Desde allí, a través de rutas comerciales terrestres y marítimas que conectaban Asia Central con el Mediterráneo, el patógeno viajó durante décadas hasta alcanzar el noreste de África.
El puerto de Pelusium, en el delta del Nilo, fue el primer punto de entrada documentado al mundo romano, hacia mediados del año 541.
El mecanismo de transmisión era tan cotidiano como letal.
La rata negra , huésped habitual de los barcos de carga que transportaban grano desde Egipto hasta la capital del Imperio Romano de Oriente, llevaba en su pelaje pulgas infectadas con Y. pestis .
Los almacenes de cereal de Constantinopla, repletos de reservas procedentes de las provincias africanas, ofrecían el entorno perfecto para la proliferación de roedores.
Cuando las ratas enfermaban y morían, las pulgas buscaban nuevos huéspedes , y los humanos se convirtieron en el eslabón terminal de esa cadena.
Procopio de Cesarea, historiador de la corte imperial y testigo directo del desastre, ha dejado el relato más completo de lo ocurrido en Constantinopla.
Su descripción de los síntomas —fiebre repentina, aparición de bubones en las ingles, las axilas y el cuello, seguidos de delirios y alucinaciones— corresponde con precisión clínica a la peste bubónica .
Al inicio, escribió, los muertos no eran más de los habituales.
Después, el número creció.
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