Dos siglos de revolución humana y tecnológica: de la primera fotografía al móvil y la IA
Carmen Menéndez Cobos París, 1 sep (EFE).- Hace dos siglos sacar una fotografía suponía horas de exposición y trabajo; hoy basta con una décima de segundo y una simple presión sobre una pantalla.
Entre ambos gestos ha tenido lugar una de las mayores revoluciones de la historia de la imagen, que Francia, cuna de la fotografía, se dispone a celebrar por todo lo alto en plena convulsión por la Inteligencia Artificial (IA).
Esta conmemoración nos remite a un fascinante viaje humano y tecnológico que incluye "conocimientos, técnicas, oficios y una industria específica", como explica a EFE el historiador Michel Poivert, profesor de Historia de la Fotografía en la Sorbona y miembro del comité científico del bicentenario.
Todo comenzó en 1826 en Saint-Loup-de-Varennes, un pequeño pueblo francés, cuando el inventor e ingeniero Nicéphore Niépce consiguió fijar sobre una placa de estaño el paisaje que veía desde su ventana.
Para lograrlo, cubrió la placa con betún de Judea y la expuso a la luz durante siete horas.
Después eliminó las partes de betún que no se habían endurecido y así consiguió obtener 'Vista desde la ventana de Le Gras', una imagen rudimentaria de varias casas que se considera la fotografía más antigua de la historia.
Niépce llamó a su procedimiento 'heliografía', escritura mediante el sol.
La fotografía tardó poco en dejar de ser un experimento para convertirse en una revolución social.
El 19 de agosto de 1839, el astrónomo François Arago presentó públicamente el daguerrotipo de Louis Daguerre y el nuevo procedimiento comenzó a extenderse.
Por primera vez, un rostro podía quedar fijado para siempre sin necesidad de que un pintor lo reprodujera sobre un lienzo.
Eso permitió a las clases medias y populares hacerse retratos familiares y dejar una huella de su propia existencia.
La nueva tecnología provocó fascinación pero también rechazo, en particular, entre los que no concebían que una imagen producida mediante química y una máquina pudiera ser considerada arte.
"Los pintores y los grabadores tuvieron que adaptarse, al igual que hoy en día los fotógrafos deben adaptarse a la llegada de la IA", explica Poivert.
Rápidamente, las cámaras empezaron a salir de los estudios para documentar el mundo.
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