El miedo que esconden los insultos de Milei
El grito y el insulto compulsivo devuelven a Javier Milei a la versión más pura de sí mismo.
Decidió que peleará la reelección con las armas que hace tres años lo llevaron al poder como el verdugo de un sistema en decadencia.
Si hay enojo, responderá con más enojo.
Esta semana ocupó casi cinco horas en zanjar ante sus ministros y sus legisladores un debate interno respecto de la sensibilidad que debería mostrar el Gobierno ante el deterioro de la confianza social en el programa económico, reflejado en la mayoría de las encuestas de opinión.
La empatía es una trampa del enemigo, fue la síntesis de lo que expuso en la reunión de Gabinete del lunes.
Ese día hizo algo inhabitual cuando habilitó una discusión sobre la morosidad bancaria y el estancamiento de la actividad.
A su juicio, mostrarse comprensivo con los que sufren el ajuste sería “entregar la trinchera de los resultados económicos” .
Su método no contempla el matiz entre aceptar un problema y admitir una crisis.
“Esto es la guerra.
Enfrente están los orcos.
El kirchnerismo si te ve débil te pasa por arriba” , les dijo a los ministros, en la reconstrucción que hacen dos de los participantes del encuentro.
A los diputados y senadores los arengó con frases similares.
“Los tenemos que hacer mierda; es el único lenguaje que entienden” , recuerda uno de los asistentes a la cumbre convocada el martes antes de la sesión en la que el oficialismo consiguió una cadena de triunfos con proyectos económicos muy caros al sentir libertario.
Milei combina su naturaleza desmesurada y sus convicciones férreas con el cálculo político.
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