Gitanos: cinco siglos de persecuciones y el desafío de comprender lo diferente
Y ya el aforismo inicial: “Nadie nace culpable.
Pero muchos nacen víctimas”.
Hace 30 años aproximadamente, se estrenaba en Buenos Aires una película, pero una película muy singular, filmada en Yugoslavia.
Todavía este país, no se había dividido en varios, como en la actualidad.
El film tenía también un título original.
Se llamaba Yo encontré gitanos felices .
Era una hermosa combinación de dolor y de alegría.
De dolor ante la injusticia soportada y de alegría por el sólo hecho de vivir.
En una escena de la citada película se realizaba una fiesta en un campamento gitano, con motivo de la llegada de la Primavera.
Ellos no desconocían que el pájaro canta a todas las primaveras y que el hombre sólo a algunas… Y en esa fiesta, la policromía de los trajes típicos, la magia de su música, el encanto de sus bailes, no lograban disimular la tristeza de la vida de los gitanos.
Una vida no sólo penosa, difícil, sino también –y esto es lo más doloroso- sujeta al desprecio de los pueblos que los rodeaban.
Y hace unos cuantos años tuve ocasión de penetrar en un campamento gitano, en un viaje que realicé al norte argentino, con motivo de una charla a la que había sido invitado.
Pasé en el campamento una tarde entera. ¡Aprendí tantas cosas de este pueblo!.
Por ejemplo, que hay muchas tribus.
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