Piura: las lluvias del Fenómeno El Niño amenazan casonas históricas y sitios arqueológicos como la casa hacienda Sojo y Narihualá
La conservación del patrimonio histórico de Piura enfrenta riesgos asociados a las lluvias intensas y al deterioro de edificaciones antiguas.
En distintos puntos de la región, las estructuras de adobe, los techos colapsados y la falta de protección ante las precipitaciones exponen inmuebles y complejos arqueológicos a nuevos daños.
Uno de los casos más comprometidos es la casa hacienda Sojo , ubicada en el distrito de Miguel Checa, provincia de Sullana.
La construcción, vinculada al desarrollo agrícola del valle del Chira, conserva habitaciones, columnas y balcones que permiten reconocer las características de una antigua residencia rural.
Sin embargo, varios sectores presentan daños que podrían agravarse ante una nueva temporada de lluvias.
La preocupación también alcanza al complejo arqueológico de Narihualá , en el Bajo Piura, y a las casonas del centro histórico de la capital regional.
Estos espacios representan etapas diferentes de la historia piurana, pero comparten dificultades relacionadas con la exposición al agua y la necesidad de medidas preventivas para proteger sus estructuras.
Las advertencias de especialistas y personas vinculadas con estos inmuebles apuntan a la necesidad de evaluar los daños antes de que las precipitaciones provoquen nuevos desprendimientos.
En el caso de Sojo, la recuperación también requiere recursos para atender una edificación extensa, cuyo deterioro compromete la conservación de sus ambientes originales.
Casa hacienda Sojo: las paredes de adobe están expuestas a las lluvias La casa hacienda Sojo comenzó a construirse en 1910 y recibió la declaración de patrimonio monumental en 1974.
Sus 36 habitaciones forman parte de un inmueble relacionado con la actividad agrícola del valle del Chira, cuya conservación enfrenta dificultades por la pérdida de techos y el desgaste de sus paredes.
Santos Ipanaqué Litano conoce la propiedad desde 1963, cuando llegó a trabajar allí con 14 años.
Su experiencia dentro de la casona le permite identificar los sectores más vulnerables, en particular los ambientes del segundo piso, donde los techos caídos dejan espacios abiertos a las precipitaciones.
El ingreso del agua puede favorecer su acumulación en las habitaciones y afectar las paredes de adobe.
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